3. Los signos de puntuación: el punto. JChM

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Foto Mague Alcaraz

  1. Los signos de puntuación: el punto

 

 

Por Jesús Chávez Marín

 

 

  1. El punto

 

 

a). El punto no suele suponer ninguna dificultad. Lo empleamos para terminar un periodo que tiene un sentido completo o, dicho de otro modo, para separar dos frases que no se relacionan directamente entre sí.

Ejemplo:

Continué mi vida diaria. Nadie me hablaba del nuevo libro. La primitiva animosidad se había ido calmando.

 

b). La distinción entre el punto y seguido y el punto y aparte no puede efectuarse con absoluto rigor. En principio, se usa el punto y aparte cuando cambiamos de tema, o cuando vamos a enfocar el mismo tema desde otro punto de vista.

Pero aquí entra en juego el criterio personal de quien escribe.

Creemos que no están desencaminados quienes, modernamente, abusan un poco del punto y aparte, si con este recurso pretenden conseguir una mayor atención por parte del lector, o una mayor visualización de una serie de elementos.

Ejemplo:

Las fases de la operación serían las siguientes: elección del terreno; parcelación adecuada; construcción de una casa tipo.

Este texto presenta una puntuación correcta, pero podría ordenarse muy bien del siguiente modo:

Las frases de la operación serán las siguientes:

Elección del terrero.

Parcelación adecuada.

Construcción de una casa tipo.

 

Y luego continuaría la carta, el folleto o lo que fuese con una puntuación normal. Así habríamos conseguido, gracias al punto y aparte, dar mayor relieve e independencia a cada frase de la operación, y el lector podría comprenderla con menos riesgo de confusión.

 

Para concluir: El punto y aparte se pone al terminar un párrafo, o sea: un asunto completo dentro del tema del texto.

El punto y seguido se pone al final de un argumento dentro del asunto completo, pero que no concluye, sino agrega otros elementos.

 

 

 

 

Jesús Chávez Marín es editor de Estilo Mápula revista de literatura.

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