11.- Erick… parte 1. Almudena Cosgaya

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Dintel de Almudena

11.- Erick… parte 1

 

 

Por Almudena Cosgaya

 

 

El viento susurraba con una cadencia amenazante mientras Paola se adentraba en el claro del bosque, envuelto en un silencio que parecía emanar de las sombras. Su tío Mario la había mandado sola hacia aquel sitio y pesé haberse negado de inicio no tuvo otra opción que obedecer. Cada paso y cada suspiro del viento provocaba escalofríos, erizando los vellos de sus brazos. Una oscilante opresión se instalaba en su pecho, como si un invisible espectro la observara desde la penumbra, acechando con siniestra devoción. En ese apartado lugar Paola era consciente de que algo más se escondía tras la aparente tranquilidad del bosque.

Un crujido rompió la quietud sobrenatural, haciendo que Paola se sobresaltara.

—¡Revélate! —gritó Paola, aparentando valentía.

De entre los árboles emergió Erick. El joven irradiaba una presencia magnética, su figura contrastaba con el verdor del bosque, y un halo de esperanza iluminaba la oscuridad que envolvía a Paola. Era el único capaz de comprender sus inquietudes, de compartir su conexión íntima con lo sobrenatural. Paola sintió que el peso aplastante que cargaba sobre sus hombros se aliviaba al verlo.

—Erick —murmuró Paola con un suspiro de alivio, sus ojos encontrándose con los suyos en un instante lleno de complicidad—, no sabes cuánto necesitaba verte.

Sus palabras parecían flotar en el aire, cargadas de una mezcla de ansiedad y esperanza.

Erick avanzó con pasos silenciosos hacia Paola, su mirada llena de una sabiduría ancestral y una empatía milagrosa. Las sombras danzaban a su alrededor, su sola presencia destilaba un magnetismo protector, como si fuera el hilo conductor entre el mundo tangible y el oculto.

—¡Paola! —Erick abrió sus brazos y atrapo con ellos a la joven—. Extrañaba sentir tu calor y tu esencia.

Los destellos de su mirada reflejaban una comprensión profunda de los peligros que acechaban en la penumbra; su serenidad inspiraba confianza.

—No sé si sentirme halagada o asustada.

—He estado pensando mucho en ti —exclamó Erick sin romper aún el abrazo.

—Pues hubieras venido a visitarme. Desde la llegada de mi tío no había sabido nada tuyo.

—Dos alfas no pueden pisar el mismo terreno —aludió Erick, guiñendo un ojo.

El corazón de Paola latía con fuerza, como si estuviera en el epicentro de un torbellino. Cada fibra de su ser anhelaba la cercanía.

—Tu corazón canta para mí y desearía pudieras escuchar el mío —le dijo Erick—, si no fuera porque no late.

—Eso es trampa, tú puedes leerme y yo no.

—A veces solo hace falta esto…

Sus labios se unieron en un cálido beso, un momento de realidad y fantasía. El suave roce desató una cascada de emociones, una explosión de sensaciones que los transportó a un reino más allá de lo conocido.

 

Continuará.

 

 

 

 

Almudena Cosgaya descubrió su gusto por las historias desde niña; hacía fanfics de relatos ajenos, lo cual fue para ella un excelente entrenamiento para escribir luego sus propios cuentos, al darse cuenta de que en algunos de sus relatos de fanfic había creado un personaje que merecía su propia historia. Es autora de poemas y de prosa narrativa. En 2017 publicó su novela La maldición del séptimo invierno.

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