Si esas paredes hablaran… espera, ¡sí hablan! Aracely Sánchez Ruiz

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Collage de Aracely Sánchez Ruiz

Yo opino/ la columna de Aracely

 

Si esas paredes hablaran… espera, ¡sí hablan!

 

 

Por Aracely Sánchez Ruiz

 

 

Si por una razón de peso (o de pe$o$) no te fuiste de vacaciones a la playa, al campo o a un pueblo colonial, anímate a turistear en tu ciudad, ponte ropa y calzado cómodo y encamínate al Palacio de Gobierno, donde te invito a conocer la historia de nuestro estado grande, desde la llegada de los primeros españoles hasta el movimiento revolucionario, en los murales que rodean su patio central.

De los archivos secretos de mi paso por el “pediórico” rescaté este texto de la serie Lugares con historia de 2010, Año de la Patria, donde describí cuatro sitios de gran relevancia en nuestro pasado cultural, entre ellos esta obra pictórica realizada por el artista hidalguense Aarón Piña Mora entre 1959 y 1962, durante la segunda mitad del sexenio del gobernador Teófilo Borunda.

Ingresa por la puerta principal de avenida Juan Aldama y comienza el recorrido hacia tu izquierda, donde te encontrarás con Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el primer blanco en llegar a esta tierra que hoy llamamos Chihuahua, en 1527. Había naufragado cerca de Florida y emprendió el camino ‒como san Fernando: unos ratos a pie y otros andando‒ por nueve años hasta llegar a lo que hoy es Los Mochis, Sinaloa.

Con él venía Estebanico, que se convirtió en un personaje relevante ya que su habilidad para comunicarse le facilitó aprender ocho lenguas en el trayecto, lo que les permitió sobrevivir durante ese tiempo. En Los Mochis se encuentran con un ejército español que los lleva a la capital de la Nueva España, donde el virrey se sorprende al escuchar que encontraron “una ciudad de oro” y, guiado por la ambición, manda expediciones al norte.

Sin embargo, los españoles no dan con la ciudad dorada que Cabeza de Vaca había descrito; en su lugar descubren un mundo subterráneo de oro, plata, hierro y zinc.

En el siguiente mural verás a Francisco de Ibarra, fundador de la Nueva Vizcaya, la Villa de San Juan Bautista de Carapoa (actualmente El Fuerte, Sinaloa) y Santa Bárbola (hoy Santa Bárbara), el primer pueblo minero de Chihuahua.

Por ese tiempo nace también la ganadería y ahí puedes ver los primeros ejemplares de la raza cuerno largo que llegan, probando que Chihuahua es un buen lugar para su crianza. La minería y la ganadería siempre están vinculadas, así empieza nuestra historia.

Más adelante observarás la rebelión tarahumara por 1650. La vida es muy difícil en las minas, las condiciones son duras y matan al último defensor de la tribu, Gabriel Teporaca “El Hachero”, traicionado por sus hermanos. Piña Mora lo pinta en una esquina del palacio, su esqueleto colgado de un árbol para servir como ejemplo a los indios de cómo acabarían si seguían su lucha contra la corona.

Dando la vuelta al siguiente muro reconocerás al gobernador de la Nueva Vizcaya don Antonio Deza y Ulloa, quien fundó el Real de Minas de San Francisco de Cuéllar en 1709. Junto a él están los caballeros que dieron su voto, unos porque se asentara la cabecera en Santa Eulalia y otros en la junta de los ríos.

Más adelante, ¡ah, Chihuahua, cuánto apache! El gran pueblo guerrero que fue exterminado por 1883. Observa al indio que sostiene en su mano un “calendario” que marca con nudos los días que faltan para el ataque y que se van desatando de a uno por jornada.

Más allá de nuestra hermosa Catedral barroca, que se construyó gracias a las donaciones de los mineros, los líderes de la Independencia, Juan Aldama, Ignacio Allende y Mariano Jiménez, son enjuiciados y fusilados luego de haber sido aprehendidos en Coahuila; mientras Hidalgo es encerrado en el antiguo Colegio Jesuita.

El alcaide Melchor Guaspe y el cabo Miguel Ortega le tratan bien, le alimentan y le llevan su chocolate; por lo que “agradecido Miguel” ‒dicho por el propio cura en sus décimas‒ les escribe unos versos con carbón en las paredes del calabozo. Hidalgo es enjuiciado, degradado, excomulgado y condenado.

En la parte superior del mural titulado “El fusilamiento de la luz” puedes ver cómo los españoles llegan y asesinan indígenas, destruyen ciudades y construyen sobre ellas, imponiendo sus tradiciones; esclavizan a los nativos con las Leyes de Indias en la mano, que nunca respetaron. Los esclavos y las cadenas representan el dolor y la muerte de la conquista, los insurgentes decapitados.

Al otro lado, el muralista recrea el espíritu de la libertad con un águila rompiendo la cadena con su pico y sosteniendo la bandera en sus garras, coronando al cura Hidalgo, que es fusilado a las 7:00 horas del 30 de julio de 1811.

Ya estás a mitad del camino, más allá del Altar de la Patria; al otro lado de las escaleras que suben al segundo piso avistarás escenas posteriores a la Independencia.

Comenzando por Los Hombres de la Reforma: al centro el presidente Benito Juárez, flanqueado por Abraham Lincoln y Simón Bolívar, en segundo plano otros liberales. Sobre ellos, la espada de la igualdad ilumina a todos los seres, blancos, chinos, indígenas o negros. En una esquina aparecen los generales Esteban Coronado, Luis Terrazas y Manuel Ojinaga, combatiendo contra los franceses.

En el siguiente mural un hombre sostiene el mapa de la Nueva Vizcaya como fue de 1562 hasta 1823, es decir Durango, Chihuahua y parte de Nuevo México. El 11 de agosto de ese año (este viernes se cumplen dos siglos) surge la provincia de Chihuahua y en 1825 se promulga la primera Constitución. La naciente imprenta marca grandes cambios políticos y sociales. Ángel Trías funda el Partido Liberal, desempeñando un rol importante en la Historia de México, no solo como gobernador de Chihuahua.

En el siguiente panel puedes ver al lado izquierdo a los héroes que van a luchar en la guerra contra Estados Unidos, el general Trías, Ignacio Irigoyen, Esteban Coronado, José Eligio Muñoz y al centro, como un fantasma, nuestro niño héroe chihuahuense Agustín Melgar, en memoria de la defensa del Castillo de Chapultepec; al lado opuesto verás a Manuel Ojinaga, Luis Terrazas, Joaquín Terrazas y Pedro Meoqui luchando contra los franceses. El mensaje que guarda este mural se advierte en la actitud de los jinetes extranjeros en su partida: los americanos, erguidos, victoriosos; y los franceses, caídos, vencidos.

Llaman la atención en el siguiente panel dos personajes sentados en sillas, que representan la autoridad de Porfirio Díaz en Chihuahua y que al pasar frente a ellos parecen seguirte con la mirada, recordándote que la dictadura era como un Big Brother que siempre te está observando.

No podía Aarón Piña dejar fuera al indio Victorio, blanco de origen, criado como apache, que muere en la Batalla de Tres Castillos cuando la apachería en Chihuahua sufre una derrota moral, luego de siglos de lucha por sus tierras y su libertad.

En seguida se cuentan las masacres prerrevolucionarias, primero la huelga de Pinos Altos, el dueño de las minas emerge como un personaje feo y pelón, que paga a sus trabajadores con bonos que solo pueden cambiar en sus tiendas de raya. Ahí puedes ver la mano del obrero pidiendo dinero y al dueño de las minas accediendo a sus peticiones… aparentemente, pero cuando están en plena labor, manda a los rifleros a matar a los líderes.

Arriba se relata la batalla de Tomochi, donde luego de un conflicto económico, político y religioso, a finales del siglo XIX, varios cientos de soldados se enfrentan a un pueblito minúsculo, que se defiende y gana. Porfirio Díaz manda mil doscientos soldados para acabar con todos, pero los sobrevivientes no se rinden y se refugian en la iglesia, que los porfiristas queman con ellos adentro.

Y en la siguiente esquina sé testigo de que como artista Aarón Piña Mora se pintaba solo, pues se autorretrata junto al gobernador Teófilo Borunda (quien ordenó la creación de los murales), don Francisco R. Almada y otros historiadores.

Uno de los últimos paneles retrata a Dolores Romero de Revilla, lideresa de las obreras, junto a Abraham González, defensor de la No Reelección, ambos iniciadores de la Revolución Mexicana en Chihuahua.

Piña Mora expone la pureza de pensamiento de Pascual Orozco pintándolo desnudo (usando solamente una carrillera sobre el pecho y la culata de un rifle cubriéndole sus partes íntimas).

Orozco fue uno de los principales motores de la Revolución, un hombre cabal y honesto que pagaba con su dinero las armas de sus colorados. Era aclamado y querido porque daba todo por proteger al pueblo, luchando contra el dictador.

El último mural muestra a uno de los genios militares más importantes en la historia de la humanidad, Francisco Villa, con dos caballos y un poco torcido, simbolizando su dualidad de bandido y revolucionario. Desde joven luchaba por la libertad y la justicia, la gente lo quería, lo consideraba un Robin Hood mexicano que robaba para ayudar a los pobres. Fue llamado el Centauro del Norte, cabeza de la Revolución Mexicana, una de las más importantes del siglo pasado.

Esta es la historia de Chihuahua en el Palacio de Gobierno a través de los murales de Aarón Piña Mora, como me la contó el guía Óscar Mazón.

 

 

 

Aracely Sánchez Ruiz es licenciada en relaciones industriales egresada del Instituto Tecnológico de Chihuahua, trabajó 18 años en El Heraldo de Chihuahua, donde inició como correctora y los últimos doce años como reportera de la sección de espectáculos y cultura. Actualmente escribe notas y comentarios en Facebook.

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